El 8 de septiembre, conmemoramos la memoria de los ucranianos víctimas de la deportación forzada desde las tierras de los Lemkos (Lemkivshchyna), del río San (Nadsanie), de Jolm (Jolmshchyna), de Podlaquia Meridional, de Lyubachiv y de los Boikos occidentales (Boykivshchyna Occidental) durante los años 1944-1951, así como el 80º aniversario del inicio de la deportación de ucranianos de estas regiones.
Las víctimas de esta política del régimen comunista fueron al menos 482.000 ucranianos que sufrieron represión, confiscación de bienes y restricciones a sus derechos humanos durante el desplazamiento.
El régimen estalinista utilizó la práctica de los desplazamientos forzados como uno de los métodos más vergonzosos de represión y sometimiento, con el objetivo de destruir la identidad nacional de los ucranianos y otros pueblos. En el marco de esta política, en 1944 también se cometió un acto de genocidio mediante la deportación forzada contra el pueblo tártaro de Crimea.
En este contexto, los crímenes actuales de Rusia contra los ucranianos en el marco de la agresión a gran escala, entre los cuales uno de los más vergonzosos es la deportación forzada, especialmente de niños ucranianos, representan una continuación de la política estalinista de terror y represión.
El mal impune regresa. Todos los Estados amantes de la paz que respetan la vida humana y el derecho internacional deben trabajar conjuntamente para restaurar la justicia por todos los crímenes pasados y actuales del Kremlin.
Hacemos un llamamiento a la comunidad internacional para condenar los crímenes del régimen comunista y redoblar esfuerzos en el fortalecimiento de Ucrania en su lucha contra la agresión rusa. Hacemos un llamamiento a unir esfuerzos para implementar la Fórmula de Paz, que incluye la liberación de todas las personas deportadas ilegalmente.