Hace 86 años, el 23 de agosto de 1939, en Moscú se firmó el Tratado de No Agresión entre Alemania y la URSS, conocido como el Pacto Molotov-Ribbentrop, junto con sus protocolos secretos, mediante los cuales Hitler y Stalin acordaron dividir Europa.
Este acuerdo se convirtió en el detonante de la Segunda Guerra Mundial, que comenzó con el ataque conjunto contra Polonia por parte de dos regímenes totalitarios: el Tercer Reich nazi desde el oeste y la URSS comunista desde el este. Estas operaciones militares materializaron los protocolos secretos firmados en Moscú y culminaron con un desfile militar conjunto de la Wehrmacht y del Ejército Rojo en Brest, en territorio polaco ocupado.
Hoy, las lecciones del pasado son más relevantes que nunca. Al igual que hace 86 años, el principal objetivo de Moscú sigue siendo dividir las esferas de influencia y alterar por la fuerza las fronteras en Europa. Como entonces, cualquier indulgencia hacia tales planes o la celebración de acuerdos secretos con Moscú solo puede conducir a una catástrofe global.
Los acontecimientos de 1938-1939, cuya culminación fue la firma del Pacto Molotov-Ribbentrop y el inicio de la Segunda Guerra Mundial, demostraron que la indulgencia hacia el agresor no trae paz, sino únicamente guerras mayores. Las consecuencias de una política miope y de la cobardía fueron devastadoras: la muerte de entre 70 y 85 millones de personas, atrocidades masivas, destrucciones sin precedentes y una catástrofe global para la humanidad.
La comunidad internacional no puede permitirse repetir estos errores hoy, cuando la Federación de Rusia ha desatado la guerra de agresión más sangrienta en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, devolviendo al continente atrocidades nunca vistas desde entonces, cometidas por los ocupantes rusos durante su agresión contra Ucrania.
Es preocupante que el régimen actual en Moscú intente manipular la historia y distorsionar la verdad sobre el 23 de agosto de 1939. La firma del pacto de no agresión entre el Tercer Reich y la URSS se justifica con argumentos oportunistas, y el ataque conjunto con los nazis a Polonia se presenta falsamente como una necesidad estratégica, contradiciendo los documentos históricos y los testimonios de la época.
Hacemos un llamado a la comunidad internacional para condenar firmemente estas manipulaciones rusas y el blanqueamiento de los crímenes de la Unión Soviética y del régimen de Stalin. Es fundamental redoblar los esfuerzos para estudiar, preservar y difundir la verdad histórica sobre las causas y consecuencias de la Segunda Guerra Mundial. Extraer las lecciones correctas del pasado es clave para evitar errores catastróficos en el presente y en el futuro.
En el contexto actual, reiteramos nuestro apoyo a los esfuerzos por alcanzar la paz mediante la fuerza, bajo el liderazgo de los Estados Unidos y, en particular, del Presidente Donald Trump, así como con la participación activa de los aliados europeos. Ucrania, más que nadie, aspira a la finalización de la guerra y al restablecimiento de una paz integral, justa y duradera, y está comprometida a trabajar eficazmente con sus socios para lograr este objetivo. Además, subrayamos la importancia de que los Estados Unidos y los aliados europeos proporcionen garantías de seguridad efectivas a Ucrania durante el proceso de arreglo pacífico.
A la luz de las lecciones del pasado, enfatizamos que para alcanzar una paz justa es necesario intensificar la presión sobre el estado agresor – Rusia – y fortalecer la capacidad de defensa y la resiliencia de Ucrania. La conclusión justa de la agresión rusa será la mejor prueba de que la comunidad internacional ha aprendido de los errores del siglo XX y que el lema “¡Nunca más!” realmente tiene un significado práctico para las generaciones actuales. El derecho de la fuerza nunca debe estar por encima de la fuerza del derecho internacional, y la aspiración a la paz no puede servir de justificación para apaciguar al agresor.
Los acontecimientos del pasado deben ser una lección que hayamos aprendido, y no un error que volvamos a cometer. Juntos, podemos proteger al mundo de repetir la tragedia.