Consideramos la decisión de las autoridades de la Federación Rusa de prohibir el estudio del idioma ucraniano en las escuelas de los territorios temporalmente ocupados de Ucrania como otra manifestación de la política genocida de Moscú.
La Rusia imperial, que sistemáticamente manipula el tema lingüístico para justificar su agresión, lleva a cabo una política deliberada de rusificación, asimilación, exterminio genocida de pueblos enteros, represión de otras culturas y supresión de la identidad nacional.
Recordamos que a lo largo de los siglos, Moscovia intentó prohibir el idioma ucraniano más de 130 veces. Sin embargo, los autores de esas prohibiciones perecieron junto con sus decretos, circulares y denuncias, mientras que el idioma ucraniano sobrevivió a todos sus opresores.
Del mismo modo, fracasarán los intentos actuales de continuar la represión zarista y el “lingüicidio” estalinista.
A los chovinistas rusos que han decidido una vez más “prohibir” la lengua ucraniana en la región de Jersón, podemos responder con las palabras del gran escritor nacido en esta tierra, Mykola Kulish: “Cada palabra convence cuando resuena con el eco de las armas”. Hoy, el idioma ucraniano no está desarmado. Lo respaldan la fuerza del ejército ucraniano y nuestras armas. Por ello, todas las “prohibiciones” rusas son tan falsas y temporales como lo es su ocupación.
Los ocupantes desaparecerán, y Chaplynka de Kulish, así como todo Jersón, Zaporizhzhia y el sur de nuestro país, fueron y seguirán siendo Ucrania. Y cuando la bota rusa abandone nuestra tierra, la despedirá una palabra ucraniana firme, clara y libre.